Cuando jures la Bandera y te acerques a besarla, piensa que pones los labios en el rostro de la Patria. Será el gesto más puro la caricia más honrada porque al besar la Bandera besas la Argentina amada. Entre sus pliegues de seda se quedarán tus palabras para que el Señor te premie si las cumples y las guardas. Y si al fin mueres por ella, ella será tu mortaja. Tu cuerpo descansará en los brazos de la Patria porque te juro hijo mío Argentina está completa en la enseña azul y blanca.
La Marcha se realiza desde el 2006, es pacífica y respeta el libre paso de los ciudadanos.
Adhieren MARCHA DE LOS ESCARPINES CORDOBA y MARCHA DELOS ESCARPINES NEUQUENFAMPAZ, Familias del mundo unidas para la Paz, Foro de la VIDA y la FAMILIA, Fundación Argentina del Mañana, Areópago Asociación Civil, Gianna Beretta Molla, Asociación Mariana Argentina; Fundación Familia de las Americas, filial Argentina, Asociación Francisco Bosch, Jóvenes en Acción, Argentina Joven, contra la drogodependencia en Argentina, Política y Desarrollo, Jóvenes en Acción Hacete oir hablemos Claro,Jóvenes por la Verdad, Asoc. PALADIM, Asoc. Asesca, Asoc. Iberoamericana MRP, Por una vida más Digna, Asociación SEN, Pro Familia, FUAM, Fundación Argentina de la Mujer; Asociación CMRP, Centro de Investigaciones en Ecología Social; Liga de Madres de Familia Nacional, Nazaret es Vida; Asociación civil de la Trinidad y Santa María promoción de la Salud y la Educación; Asociación Civil EVA; La Plata: Jóvenes por la Vida; Córdoba: Asoc. Mujeres por la Vida, Asoc. De Mujer a Mujer, Mendoza: Centro de Investigaciones de la Problemática Familiar (CIDEPROF);Rosario: ONG Porvenir; Salta Fundación Argentina de la Mujer, RENOVACION CATOLICA CARISMATICA DE LA ARQUIDIOCESIS; Red de Comunicadores Católicos; Juventud Comprometida; Santa Fe:Movimiento Pro Vida "Juan Pablo II"; Centro de Estudios Políticos y Sociales "Santo Tomás Moro"; Grupo Juvenil "San Luis Gonzaga"; Pre-Juveniles de Lourdes - Pquia. Ntra. Sra. de Lourdes de Santa Fe; Partido Demócrata Cristiano Dto. La Capital - Santa Fe; M9 - Movimiento 9 de Julio; Cristina Yozia - Redacción PyD; Juan Carlos Sánchez - /Diario7; Enrique Morel – Editor www.nuevoencuentro.com ; Juan José Bolesso - Prensa CEPS "Santo Tomás Moro"; Oscar Donnet - Miembro CEPS "S. Tomás Moro"; Dr. José María Mazza: Padre Ricardo Bautista Mazza; Ing. Jorge Juan Ferrer - Interventor Part. Demócrata Cristiano S. Fe;Comunidad Ibicuyna P. Pedro Emilio Rojas;ONG "CON MIRADA DE MUJER" de Rosario. PARTICULARES: Chiquita Lanusse de Miguens;Ana María Garat, Maria Sara Brugnoli, Mendoza DR FELIPE PEREZ DELLEPIANE, Patricia Murray;Misiones Alicia González; Oscar M. Castagnino; ANA DANERI; Catalina de Donzeli;Corrientes: Mercedes García Enciso de Saénz Rosas; Marisa Sosa Laborda, Entre Ríos Liga de Madres de la Parroquia Santa Teresita de San Salvador Entre Ríos, Viviana Grandolio, entre otras asociaciones y particulares del País que respetan la Vida, La Justicia y La Paz,
En Argentina el lobby GLBT y afines, respaldado económica y políticamente por la masonería internacional, ha logrado a tal punto instalar la ideología de género, que el instituto contra la discriminación ahora presiona a los bancos de sangre para que no pregunten sobre la orientación/desviación sexual aún a pesar de que los tests de detección de HIV y otras enfermedades mortales o gravísimas no detectan el 100% de los casos ni siquiera en los países más avanzados del mundo.
Están tan enceguecidos con una ideología contra natura, que prefieren jugar a la ruleta rusa de la muerte con los inocentes pacientes que recibirán sangre u órganos infectados, antes que reconocer lo que la ciencia ha demostrado: que la práctica homosexual es una conducta que a la larga lleva a la muerte o enfermedad de quien la practica. Recientemente se publicó que es posible contagiar por vía oral enfermedades de transmisión sexual mortales, como el virus del papiloma humano. Es decir que besar a alguien que haya practicado sexo oral alguna vez en su vida es el beso de la muerte. “Dime con quién andas y te diré cómo terminarás” habrá que decir a las jóvenes que piensan que besar a quien acaban de conocer no tiene riesgo.
Todo acto homosexual es una práctica de riesgo tanto para el homosexual como para la comunidad… que recibe sangre u órganos.
Se prohíbe donar sangre a los homosexuales en Andorra y Francia, Reino Unido, y Canadá.
En el Reino Unido, las autoridades sanitarias aconsejan que no se acepte la sangre de quien reconoce ser gay. Como consecuencia, la agencia que gestiona los bancos de sangre “pide” a los gays que no acudan a donar, aunque sólo hayan tenido una relación años atrás.
En Argentina, si en el cuestionario previo a la donación un hombre se reconoce gay, queda inhabilitado durante 12 meses para dar sangre. En otros países como China, la prohibición es aún más estricta.
En España, un cuestionario exhaustivo permite detectar, siempre que el donante no mienta, si ha realizado prácticas de riesgo.
En España los tests fallan en detectar el HIV en por lo menos 1 cada medio millón mientras que en Canadá uno cada 7 millones… Aún con esa tasa aparentemente baja, en Canadá, la ley llega a prohibir donar órganos a los gays que hayan tenido relaciones sexuales durante los últimos cinco años, al considerarlos directamente un “grupo de riesgo”.
La obligatoriedad de recibir sangre y órganos potencialmente infectados es una consecuencia de esta ideología nefasta, una ideología mortal. Si Ud. o quien Ud. haya votado aceptan el “matrimonio” homosexual, no se queje si algún día recibe sangre infectada: fue Ud. mismo quien consideró que la ley debiera reconocer la homosexualidad como algo “normal”, fue Ud. mismo quien votó su propia sentencia de muerte.
El homosexual ¿nace o se hace?
Romanos 1
18 En efecto, la cólera de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres que aprisionan la verdad en la injusticia;
19 Pues lo que de Dios se puede conocer, está en ellos manifiesto: Dios se lo manifestó.
20 Porque lo invisible de Dios, desde la creación del mundo, se deja ver a la inteligencia a través de sus obras: su poder eterno y su divinidad, de forma que son inexcusables;
21 Porque, habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios ni le dieron gracias, antes bien se ofuscaron en sus razonamientos y su insensato corazón se entenebreció:
22 Jactándose de sabios se volvieron estúpidos,
23 Y cambiaron la gloria del Dios incorruptible por una representación en forma de hombre corruptible, de aves, de cuadrúpedos, de reptiles.
24 Por eso Dios los entregó a las apetencias de su corazón hasta una impureza tal que deshonraron entre sí sus cuerpos;
25 A ellos que cambiaron la verdad de Dios por la mentira, y adoraron y sirvieron a la criatura en vez del Creador, que es bendito por los siglos. Amén.
26 Por eso los entregó Dios a pasiones infames; pues sus mujeres invirtieron las relaciones naturales por otras contra la naturaleza;
27 Igualmente los hombres, abandonando el uso natural de la mujer, se abrasaron en deseos los unos por los otros, cometiendo la infamia de hombre con hombre, recibiendo en sí mismos el pago merecido de su extravío.
28 Y como no tuvieron a bien guardar el verdadero conocimiento de Dios, entrególos Dios a su mente insensata, para que hicieran lo que no conviene:
29 Llenos de toda injusticia, perversidad, codicia, maldad, henchidos de envidia, de homicidio, de contienda, de engaño, de malignidad, chismosos,
30 Detractores, enemigos de Dios, ultrajadores, altaneros, fanfarrones, ingeniosos para el mal, rebeldes a sus padres,
32 Los cuales, aunque conocedores del veredicto de Dios que declara dignos de muerte a los que tales cosas practican, no solamente las practican, sino que aprueban a los que las cometen.
¡Ay de los que aprueban a los que practican la homosexualidad! Palabra de Dios. Ay de las sociedades que toleren que los niños inocentes sean entregados en adopción en las manos de los desviados…
La ideología de género no sólo mata el cuerpo, también mata el alma: si una persona tiene una relación sexual, fuera del matrimonio entre varón y mujer, de por vida abierto a la vida, peca mortalmente y si muere sin arrepentirse, va a la muerte eterna: el infierno.
Considerar la homosexualidad como una opción de normalidad es falta de caridad: quita la oportunidad de saber que es posible su sanación… en el confesionario.
1 Corintios 6
9 ¿No sabéis acaso que los injustos no heredarán el Reino de Dios? ¡No os engañéis! Ni los impuros, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los homosexuales,
10 Ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los ultrajadores, ni los rapaces heredarán el Reino de Dios.
11 Y tales fuisteis algunos de vosotros. Pero habéis sido lavados, habéis sido santificados, habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesucristo y en el Espíritu de nuestro Dios.
Gálatas 6
7 No os engañéis; de Dios nadie se burla. Pues lo que uno siembre, eso cosechará:
8 El que siembre en su carne, de la carne cosechará corrupción; el que siembre en el espíritu, del espíritu cosechará vida eterna.
Gálatas 5
19 Ahora bien, las obras de la carne son conocidas: fornicación, impureza, libertinaje,
21 Envidias, embriagueces, orgías y cosas semejantes, sobre las cuales os prevengo, como ya os previne, que quienes hacen tales cosas no heredarán el Reino de Dios.
2 Pedro 2
6 Si condenó a la destrucción las ciudades de Sodoma y Gomorra, reduciéndolas a cenizas, poniéndolas como ejemplo para los que en el futuro vivirían impíamente;
7 Y si libró a Lot, el justo, oprimido por la conducta licenciosa de aquellos hombres disolutos;
8 -Pues este justo, que vivía en medio de ellos, torturaba día tras día su alma justa por las obras inicuas que veía y oía-
9 Es porque el Señor sabe librar de las pruebas a los piadosos y guardar a los impíos para castigarles en el día del Juicio,
10 Sobre todo a los que andan tras la carne con apetencias impuras y desprecian al Señorío. Atrevidos y arrogantes, no temen insultar a las Glorias,
11 Cuando los Ángeles, que son superiores en fuerza y en poder, no pronuncian juicio injurioso contra ellas en presencia del Señor.
12 Pero éstos, como animales irracionales, destinados por naturaleza a ser cazados y muertos, que injurian lo que ignoran, con muerte de animales morirán,
13 Sufriendo daño en pago del daño que hicieron. Tienen por felicidad el placer de un día; hombres manchados e infames, que se entregan de lleno a los placeres mientras banquetean con vosotros.
14 Tienen los ojos llenos de adulterio, que no se sacian de pecado, seducen a las almas débiles, tienen el corazón ejercitado en la codicia, ¡hijos de maldición!
15 Abandonando el camino recto, se desviaron y siguieron el camino de Balaam, hijo de Bosor, que amó un salario de iniquidad,
16 Pero fue reprendido por su mala acción. Un mudo jumento, hablando con voz humana, impidió la insensatez del profeta.
17 Estos son fuentes secas y nubes llevadas por el huracán, a quienes está reservada la oscuridad de las tinieblas.
18 Hablando palabras altisonantes, pero vacías, seducen con las pasiones de la carne y el libertinaje a los que acaban de alejarse de los que viven en el error.
19 Les prometen libertad, mientras que ellos son esclavos de la corrupción, pues uno queda esclavo de aquel que le vence.
20 Porque si, después de haberse alejado de la impureza del mundo por el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo, se enredan nuevamente en ella y son vencidos, su postrera situación resulta peor que la primera.
21 Pues más les hubiera valido no haber conocido el camino de la justicia que, una vez conocido, volverse atrás del santo precepto que le fue transmitido.
22 Les ha sucedido lo de aquel proverbio tan cierto: «el perro vuelve a su vómito» y «la puerca lavada, a revolcarse en el cieno».
Lo que dice la Biblia sobre la homosexualidad
La primera página de la Biblia, en Génesis 1:27, nos enseña que Dios creó al ser humano "macho y hembra", o sea hombre y mujer, no homosexual o lesbiana. En este mismo libro sagrado, la Palabra de Dios también nos habla de la unión matrimonial entre el hombre y la mujer "en una sola carne" (Gn. 2:24) y abierta a la vida (Gn. 1:28). El homosexualismo no lleva a cabo ninguno de estos dos valores inherentes a la sexualidad humana, tal y como Dios la creó: la unión heterosexual en el matrimonio y la procreación. A la luz de esta visión del hombre y la mujer, hay otros 44 pasajes bíblicos que, directa o indirectamente, condenan las prácticas homosexuales como un pecado grave.
I. Pasajes que directamente condenan las relaciones sexuales entre personas del mismo sexo por ser pecaminosas en sí mismas:
1. Génesis 19:1-29 (pecado de Sodoma)
2. Levítico 18:22
3. Levítico 20:13
4. Deuteronomio 23:17-18
5. 1 Reyes 14:24
6. 1 Reyes 15:12
7. 1 Reyes 22:46
8. Jueces 19:22
9. 2 Reyes 23:7
10. Romanos 1:24-27
11. 1 Corintios 6:9
12. 1 Timoteo 1:8-10
13. 2 Pedro 2:6
14. Judas 1:7
15. Éxodo 20:14 (incluido en Hebreos para "adulterio")
II. Pasajes que utilizan el ejemplo de lo que sucedió en Sodoma para avisar a otros y mencionan el juicio de Dios sobre la ciudad por su pecado:
16. Deuteronomio 29:23
17. Génesis 13:13
18. Isaías 3:9
19. Isaías 13:19
20. Jeremías 23:14
21. Jeremías 49:18
22. Jeremías 50:40
23. Lamentaciones 4:6
24. Amós 4:11
25. Mateo 10:15 (véase 13. 2 Pedro 2:6)
26. Lucas 17:29
III. Pasajes que directa o indirectamente condenan el travestismo (vestirse con ropas propias del sexo opuesto):
27. Deuteronomio 22:5
28. 1 Corintios 11:14-1
IV. Pasajes sobre el matrimonio, los esposos y las esposas, el hombre y la mujer creación de Dios, etc. que tienden a condenar la transexualidad:
29. Génesis 1:27
30. Génesis 1:28
31. Génesis 2:18-24
32. Salmos 139:14
33. Marcos 10:6-12
34. 1 Corintios 3:16-17
35. 1 Corintios 6:19-20
36. 1 Corintios 7:1-4
37. 1 Tesalonicenses 5:22-23
38. Romanos 6:12
39. Filipenses 3:21
40. Timoteo I 5:14
41. Efesios 5:22-25
V. Pasajes que en general condenan estas actividades como pecados:
42. Tesalonicenses I 5:22
43. Isaías 5:20-21
44. I Pedro 2:11
La homosexualidad y la Biblia
Los pasajes más directos y específicos de la Biblia contra la práctica homosexual se encuentran en el Levítico 18:22; 20:13 y en 1 Corintios 6:9-11:
1. "No te echarás con varón como con mujer, es abominación" (Lv. 18:22).
2. "Si alguno se juntare con varón como con mujer, abominación hicieron; ambos han de ser muertos, sobre ellos será su sangre" (Lv. 20:13).
3. "¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No erréis; ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que se echan con varones (sodomitas), ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los estafadores, heredarán el reino de Dios" (1 Co 6:9-10).
Además de estos pasajes claros y directos, podemos usar otros que todos conocemos, y sacar de ellos algunas enseñanzas. En primer lugar, Génesis 1:27 dice que Dios creó al hombre (al ser humano), hombre y mujer. Esto indica que el ser humano fue creado en dos personas de anatomía diferente, y cada uno con una naturaleza orgánica distinta y definida, propia para los fines de la procreación. Así que, sólo la mujer, podrá concebir un hijo y ser el laboratorio en el que la vida se forma y se desenvuelve. Un hombre, a despecho de tantas tentativas quirúrgicas de algunos, jamás conseguirá dar a luz un hijo.
Hace algún tiempo, en la ciudad de San Francisco, California, daba una clase a nuevos creyentes en mi iglesia. Un alumno quería saber mi opinión sobre la homosexualidad. Abrí la Biblia y leí los textos que acabo de citar. Entonces el argumentó con aquello de los derechos individuales, cosa muy respetada en los EE.UU., y dijo: "¿Entonces los hombres no tienen derecho a escoger su sexualidad?" a lo que respondí: "Querido joven, la sexualidad no es cuestión de elección. La sexualidad del ser humano ya viene definida de fábrica".
Uno de los objetivos diabólicos de movimientos, como el que llaman "Nueva Era", es tratar de incentivar y dignificar el homosexualismo para destruir a la familia. La idea, por tanto, es acabar con la humanidad.
En segundo lugar, algunos pasajes bíblicos son interpretados de una manera errada, para la conveniencia de los interesados (véase al respecto 2 Pedro 3:16). Los dos más interesantes son: 1 Samuel 18 y más específicamente 2 Samuel 1:26 donde se habla del amor entre David y Jonatán (hijo del rey Saúl): "Angustia tengo por ti, hermano mío Jonatán, que me fuiste muy dulce. Más maravilloso me fue tu amor que el amor de las mujeres". (Véase también 1 Samuel 19:1; 20:17,40). Partiendo de esto, los defensores de la homosexualidad dicen que David y Jonatán eran homosexuales.
Veamos entonces:
1. Si eran homosexuales, se trataba de un tipo bien extraño de bisexuales. Sabemos por la propia Biblia que Jonatán era casado: 1 Crónicas 8:34; 2 Samuel 9. David, a su vez no solamente era casado, sino que además era muy aficionado a las mujeres y tuvo muchas esposas (1 Samuel 18:20-30, 2 Samuel 3:2-5; 5:13; 1 Reyes 1:1-4). Por esto mismo cometió un grave pecado de adulterio con Betsabé (2 Samuel 11:1-27). No podemos entender que hombres así fueran homosexuales.
2. Como se sabe, la hermana de Jonatán, Mical, fue dada a David en casamiento (1 Samuel 18:20-30), inmediatamente después de sus victorias en la guerra, y nunca se percibe algún tipo de celos por parte de Jonatán. De haber existido un tipo de amor entre ellos, ciertamente habría celos.
3. El texto de 2 Samuel 1:26 nos dice que el amor de ellos era como el de las mujeres, no en el sentido de ser de la misma naturaleza, sino de ser aún más profundo que el amor de las mujeres. El texto es poético y está en versos. Vemos que en el texto David trata a Jonatán de "hermano". La aplicación al homosexualismo por tanto no cabe aquí.
4. Entre árabes, judíos, rusos y otros pueblos orientales, los hombres acostumbran besarse cuando se encuentran. Es un pueblo sentimental y eso forma parte de su cultura sin que esto implique un motivo sexual.
5. Jesús amó a sus discípulos profundamente y todos eran hombres. ¿Hubo en esto motivaciones sexuales?
6. De acuerdo con las leyes de Moisés (principalmente Levítico 20:13), si un hombre tenía relación con otro hombre como si fuese mujer, ambos morirían. Y si eso hubiera estado pasando entre Jonatán y David, el pueblo ciertamente lo hubiera sabido. Sin embargo, nunca hubo ni siquiera sospechas de que ese amor entre David y Jonatán fuera un amor sexual.
7. David, hombre conforme al corazón de Dios, siempre fue reprendido por Dios cuando pecó. Por ejemplo, no le fue permitido construir el templo porque había derramado mucha sangre. Era hombre de guerra (1 Cor. 22:8). Fue también reprendido por el pecado con Betsabé (2 Samuel 12). Nunca, sin embargo, encontramos una reprensión a David por la práctica de la homosexualidad. Esto habría sido inevitable si David hubiese incurrido en esa falta.
8. Finalmente, debe entenderse que la amistad entre David y Jonatán surgió del espíritu guerrero que caracterizaba a los dos. Jonatán era un valiente soldado, como se puede notar, principalmente, en la lectura de 1 Samuel 14. Esta amistad se inicia precisamente cuando David derrota al gigante Goliat (1 Samuel 17:48-58; 18:1-19). La verdad es que ellos se amaban como dos hermanos.
Sólo hay, por tanto, homosexualidad en esa amistad para quien ya tiene la cabeza inclinada hacia ella y quiere torcer las Escrituras para su propia perdición, como muy bien lo declara el apóstol Pedro (2 Pedro 3:16).
En tercer lugar, algunos intentan basar la aceptación de la homosexualidad en la Biblia usando el texto de la institución de la cena del Señor cuando Juan estaba reclinado sobre el pecho de Jesús (Jun. 13:23). Consideremos algunas ideas sobre este caso específico:
1. Aquí tenemos un caso de la costumbre de la época. La palabra "mesa" no aparece en el original de este pasaje bíblico. A. T. Robertson en su obra titulada "World Pictures in the New Testament" ("Cuadros mundiales en el Nuevo Testamento"), lo confirma. Según la costumbre, la persona se recostaba en una especie de diván y descansaba con los pies extendidos. Asimismo, la posición de Juan era de estar recostado, con la cabeza pendiendo muy cerca del pecho del Señor Jesús. En este sentido, hay una versión actualizada de la Sociedad Bíblica del Brasil que correctamente traduce: "Muy cerca de Jesús, estaba sentado uno de ellos, a quien Jesús estimaba mucho". Ahora bien, a la luz del pasaje, en la famosa pintura de Miguel Ángel "La Ultima Cena", se comete un grave error técnico, con respecto a la posición en que se pinta a los apóstoles y a Jesús al aparecer estos sentados a la manera occidental.
2. Por otro lado, si hubiera habido cualquier motivo sexual que relacionara a Juan con Jesús, aquel grupo que era bastante cuestionador, sin duda alguna lo habría criticado.
3. Sabemos que Dios abomina este tipo de pecado. Las ciudades de Sodoma y Gomorra fueron destruidas por su pecado. Y el pecado que más aparece en el escenario de esas dos ciudades fue el de la homosexualidad. Se sabe que este pecado era tan dominante que, cuando los ángeles de Dios fueron a casa de Lot, los hombres de Sodoma quisieron entrar a la casa para "poseer" sexualmente a aquellos visitantes de Dios. Pero no lo consiguieron, porque los ángeles les hirieron de ceguera. Y esta ciudad fue borrada del mapa (Gn. 19:4-11).
En su epístola a los Romanos, Pablo presenta el triste cuadro de la ciudad de Roma en sus días. En cierto momento dice: "Por esto Dios los entregó a pasiones vergonzosas; pues aún sus mujeres cambiaron el uso natural por el que es contra naturaleza, y al igual modo también los hombres, dejando el uso natural de la mujer, se encendieron con su lascivia unos con otros, cometiendo hechos vergonzosos hombres con hombres, y recibiendo en sí mismos la retribución debida a su extravío. Y como ellos no aprobaron tener en cuenta a Dios, Dios los entregó a una mente reprobada, para hacer cosas que no convienen" (Ro 1:26-28).
No falta razón, entonces, para que el virus del Sida haya comenzado a propagarse en el mundo entre los homosexuales. Y muchos de ellos, lamentablemente, han muerto a causa de esta enfermedad. Inexorablemente "La paga de su pecado es la muerte" (Ro 6:23).
Sin embargo, los que están dominados por este tipo de pecado, pueden cambiar y ser nuevas criaturas (2 Cor. 5:17). En 1 Cor. 6:11, Pablo dice "Y esto erais algunos; mas ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados; ya habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesús y por el Espíritu de nuestro Dios". En otras palabras, si un homosexual se convierte tiene que dejar su pecado y seguir a Cristo. Y esto es posible.
Fuente: Reproducido y traducido del O Jornal Batista por Michel E. Eustache. Publicado en el periódico Luminar Bautista, Venezuela, 1994.
Aquel que vote positivamente la reforma de interrupción del embarazo que tramita el Parlamento se convertirá en "pecador público" y no podrá comulgar, según manifestó hoy el portavoz de la Conferencia Episcopal Española, Antonio Martínez Camino.
"Esto vale para todos los católicos de cualquier partido. Por encima de lo que diga el propio partido", aseguró Martínez Camino en un desayuno informativo en Madrid.
La nueva ley del aborto impulsada por el gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero supondrá una despenalización legal de la interrupción voluntaria del embarazo y permitirá que la mujer pueda abortar en el transcurso de un plazo determinado -previsiblemente las primeras 14 semanas de embarazo- sin tener que alegar motivos.
Quienes voten a favor de esa ley, dijo Camino, estarán "en situación objetiva de pecado público mortal" y quienes "están en pecado público mortal no pueden ser admitidos a los sacramentos".
Según informa la agencia DPA, los parlamentarios que apoyen la nueva normativa, además, podrían caer en herejía, ya que para la Iglesia católica el aborto supone quitar la vida a un ser humano.
Así, quien lo defiende entra "en contradicción con la fe divina católica" y, apuntó el prelado, "caería en herejía y en la excomunión ’latae sententiae’ aparejada a la herejía"
Santa Sede publica Constitución Apostólica que regula paso de anglicanos a la Iglesia
LaCongregación para la Doctrina de la Fedio hoy a conocer la Constitución Apostólica "Anglicanorum coetibus", sobre la institución de Ordinariatos Personales para los anglicanos que entran en plena comunión con laIglesia Católica. En el comunicado se precisa, además, que la disciplina sobre el celibato sacerdotal no ha variado en modo alguno.
La mencionada Constitución Apostólica y las Normas Complementarias están fechadas el 4 de noviembre, festividad de San Carlos Borromeo, y firmados por el CardenalWilliam Joseph Levaday el Arzobispo Luis F. Ladaria, S.I, respectivamente Prefecto y Secretario de la Congregación para la Doctrina de la Fe.
En el comunicado se recuerda que el 20 de octubre de 2009, el Cardenal Levada anunció "un nuevo documento para responder a las numerosas peticiones enviadas a laSanta Sedepor grupos de ministros y fieles anglicanos de diversas partes del mundo que desean entrar en la comunión plena y visible con laIglesiaCatólica".
El texto explica que "la Constitución Apostólica que se publica hoy introduce una estructura canónica que facilita esa reunión corporativa mediante la institución de Ordinariatos Personales que permitirán a esos grupos entrar en comunión plena con la Iglesia Católica, conservando al mismo tiempo elementos específicos del patrimonio espiritual y litúrgico anglicano. Las Normas Complementarias servirán para la correcta aplicación del procedimiento".
Seguidamente señala que "esta Constitución Apostólica abre un nuevo camino para la promoción de la unidad de los cristianos, reconociendo al mismo tiempo la legítima diversidad en la expresión de nuestra fe común. No se trata de una iniciativa que haya tenido origen en la Santa Sede, sino de una respuesta generosa por parte del Santo Padre a la aspiración legítima de esos grupos anglicanos. La institución de esta nueva estructura se sitúa en plena armonía con el compromiso para el diálogo ecuménico, que sigue siendo prioritario para la Iglesia Católica".
Asimismo, el comunicado precisa que "la posibilidad prevista en la Constitución Apostólica de la presencia de algunos clérigos casados en los Ordinariatos Personales no significa en modo alguno un cambio en la disciplina de la Iglesia acerca del celibato sacerdotal que, como afirma elConcilio Vaticano IIes signo y al mismo tiempo estímulo de la caridad pastoral y anuncia de forma resplandeciente el reino de Dios".
La Constitución consta de trece disposiciones relativas a la formación de los Ordinariatos que gozan, según afirma el párrafo 3 del primer apartado, "de personalidad jurídica pública y son asimilables jurídicamente a una diócesis"; a la potestad del Ordinario "ejercida de forma conjunta con la del obispo diocesano local en los casos previstos por las Normas Complementarias"; a los candidatos al Orden Sacramental; a la erección, con la aprobación de la Santa Sede, de nuevos Institutos deVidaConsagrada y Sociedades de Vida Apostólica, así como de parroquias; a la visita "ad limina" del Ordinario, entre otros temas
Las Normas Complementarias, concluye el comunicado, tratan de la dependencia de la Santa Sede; las relaciones con las Conferencias Episcopales y los obispos diocesanos; el Ordinario; los fieles del Ordinariato; el clero; los obispos que eran anglicanos; el Consejo de gobierno; el Consejo pastoral y las parroquias personales.
Muchos católicos de hoy no entienden nada del tiempo presente.Entienden al revés la historia de la Iglesia y la situación actual. Han asimilado lo que les han enseñado en la escuela, la Universidad, lo que les dicen políticos y periodistas, la literatura, la radio, la TV, y también los autores católicos liberales. Por tanto, están ciegos para ver el mundo presente como robado a Dios y a su Cristo, y como puesto bajo el influjo del Maligno. No acaban de enterarse de que la Bestia estatal trata de dominarlo todo, para sustraerlo cada vez más de Dios y sujetarlo más plenamente a Satanás.
Nuestro Señor Jesucristo reprocha a los judíos resistentes al Evangelio que «no saben discernir los signos del tiempo presente» (Lc. 12,56). Siglos antes, por el contrario, los judíos exilados en Babilonia sabían que estaban desterrados en un país idólatra y pagano. Y también los primeros cristianos sabían que, viviendo en el marco del Imperio Romano, habían de padecer persecuciones frecuentes y un pésimo condicionamiento mundano degradante. En cambio –y aquí está el gran error y el gran peligro– los cristianos de los últimos tiempos apenas se enteran de que viven en Babilonia, en un mundo que está en buena parte configurado y gobernado por «el Príncipe de este mundo» (Jn. 12,31), o más aún, por «el dios de este mundo» (2Cor 4,4). A estos cristianos, incluso no pocas veces a los mejores, les ha faltado la predicación verdaderamente apostólica: no se han enterado de que «el mundo todo está en poder del Maligno» (1Jn 5,19; cf. Ap. 13,1-8). Y es que la historia de la Iglesia es misteriosa, es una historia sagrada, aún más sagrada y misteriosa que la de Israel, y lo mismo que ésta, necesita hagiógrafos que la cuenten y la interpreten. Ésa fue una de las misiones bien cumplidas por el Obispo de Poitiers.
Da pena ver tantos católicos engañados.–Cuando en una revista católica se comenta un suceso horrible, describiéndolo como «un gesto de bárbaros, cruel, salvaje, indigno de una sociedad civilizada: un acto medieval, propio de una cultura retrógrada, basada en conceptos absurdos»; o –cuando un Obispo reprueba indignado ese suceso diciendo: «parece increíble que, en pleno siglo XXI, viviendo en democracia», etc.; o –cuando un político cristiano combate una ley criminal, alegando que no representa el sentir popular, y que por tanto no respeta «la soberanía del pueblo», y en otros casos semejantes, nos damos cuenta de que no pocos fieles, y también Pastores sagrados, viven completamente engañados acerca del tiempo presente.
Sencillamente: en materias políticas y sociales sobre todo, estos cristianos han asimilado a fondo no pocos errores del mundo moderno, marcado por el relativismo, el naturalismo, el liberalismo. Ya no combaten estos grandes errores, porque más o menos creen en ellos. Y esto, después de todo, no debe sorprendernos demasiado, si recordamos que ya Cristo y sus Apóstoles anunciaron abiertamente que en los últimos tiempos logrará Satanás engañar a muchos (Mt 24,24; 2Pe 3; 1Tim 4; 2Tim 3). Por eso Mons. Pie lucha con todas sus fuerzas contra el Enemigo, procurando desengañar a los cristianos, para liberarlos de él:
«Veo en la Iglesia dos clases de persecuciones: la primera, durante sus comienzos y bajo el Imperio Romano, en la que prevaleció la violencia; la segunda, al fin de los siglos, donde imperará el reino de la seducción. No quiero decir con esto que allí no habrá violencia, así como en la Roma pagana, donde predominó la violencia, no dejó de haber seducción. Pero una y otra se diferencian por lo que en ellas predomina. En la última fase se harán presentes los signos más engañosos que jamás se hayan visto, con la malicia más escondida y la piel de lobo mejor cubierta con piel de oveja» (III, 539).
Cristianismo y mundo moderno se contraponen frontalmente.Ya sabemos que esta afirmación, aun siendo evidente, hoy atrae el anatema de muchos cristianos que están engañados por los errores modernos, y que por eso mismo aborrecen el «nefando» Syllabus de Pío IX que los denuncia (1864). Pero ese enfrentamiento Reino-mundo está mil veces enseñado por la Sagrada Escritura, por el Magisterio de la Iglesia, también por el concilio Vaticano II: «a través de toda la historia humana existe una dura batalla», etc. (GS 37b; cf. 13b), y en modo alguno es una enseñanza individual del Beato Pío IX o del Obispo de Poitiers. El mérito de éstos, con pocos pero preciosos apoyos, fue que afirmaron esa verdad con gran fuerza, cuando era ignorada o negada por muchos cristianos, Pastores y teólogos. Ellos ni hicieron sino dar en el mundo el testimonio de la verdad:
«Jamás [como hoy] la lucha entre el hombre y Dios había sido más declarada, más directa. Jamás generación alguna había roto de manera más absoluta toda alianza con el cielo. Jamás una sociedad había dirigido más insolentemente a Dios esta palabra: “¡vete!” ([“vete lejos de nosotros, no queremos saber de tus caminos”] Job 21,14). El hombre ha desterrado a la divinidad del dominio de todas las cosas de la tierra, y ahora reina allí como señor» (I, 98-100).
Ante esa abominación, los fieles cristianos, que quieren que Cristo reino y que se niegan a dar culto a la Bestia, claman sin cesar: «Levántate, Señor, que el hombre no triunfe: sean juzgados los gentiles en tu presencia. Señor, infúndeles terror, y aprendan los pueblos que no son más que hombres» (Sal 9,20-21).
Muchos cristianos ignoran hoy que viven en Babilonia bajo el imperio de Satanás.Olvidando o ignorando las enseñanzas del Salvador, confían en la virtualidad salvífica, al menos relativa, de ciertas leyes, de tales partidos políticos o de algunos Organismos internacionales. Ignoran que todas aquellas fuerzas políticas y culturales que se cierran herméticamente a Cristo, y que lo combaten, están actuando bajo el poder del Príncipe de este mundo. Colaboran con ellos sin problemas de conciencia, y si es con un buen sueldo, tanto mejor y con mayor entusiasmo. Creen así en aquellos falsos mesías, que preparan el pleno advenimiento del Anticristo (Mt 24,4-5.24-25)… «Os aseguro que ya muchos se han hecho anticristos» (1Jn 2,18). «Quien no confiesa que Cristo vino en carne es seductor y anticristo» (2Jn 7). «Es anticristo quien niega al Padre y al Hijo» (1Jn 2,22). «Ésta es vuestra hora y el poder de las tinieblas» (Lc. 22,53).
Estos cristianos engañados no saben que el combate actual por el Reino no es tanto contra hombres de carne, sino contra los demonios que les inspiran y sujetan, y por eso, en su lucha por un mundo mejor, no toman «la armadura de Dios» (Ef. 6,12-20). Pretenden afirmar el Reino en el mundo con revistas débiles, manifestaciones festivas, cartas al director, camisetas con lemas, concentraciones juveniles, campañas en internet, etc., acumulando así derrota tras derrota, retrocediendo siempre ante el poder avasallador del Maligno y de los suyos. Todas las actividades aludidas son buenas y bienintencionadas, pero «hay que practicar esto, sin omitir aquello» (Mt 23,23): es decir, sin omitir las rogativas,la oración de la Iglesia en tiempos de aflicción, la penitencia, el rosario, el adiestramiento familiar y catequético para estar en el mundo sin ser del mundo, y ante todo el testimonio bien claro (martirial) de la verdad de Cristo. Esos cristianos engañados, por ignorar tantas verdades, están destinados al fracaso. Cristo anuncia a sus discípulos la persecución del mundo, pero les conforta diciéndoles: «confiad, yo he vencido al mundo» (Jn. 16,33). Ellos, sin embargo, no pueden vencerlo, porque ni siquiera lo combaten; están ya previamente derrotados, porque en el fondo creen que Satanás y los suyos deben ser quienes gobiernen el mundo secular.
Los cristianos de hoy, ante todo, han de enterarse de quién les está gobernando, y han de saber que el camino actual del mundo secular lleva colectivamente a una perdición temporal y eterna. «Toda planta que no haya plantado mi Padre celestial, será arrancada de raíz. ¡Déjenlos! Son ciegos que guían a otros ciegos. Y si un ciego guía a otro ciego, ambos caerán en el hoyo» (Mt 15,13-14).
«Nada es para mí en la hora actual más desolador que ver esta enorme multitud de hombres, por otra parte serios, que siguen buscando la fuente de todos los males por doquier, excepto donde está, y que siguen esperando la salvación de todo, excepto de aquello que puede conseguirla» (VII,76).
Afirmar la verdad, encender la luz en las tinieblas, es hoy la tarea más urgente de laIglesia.Así lo entiende y lo proclama con especial empeño nuestro Santo Padre, Benedicto XVI. La perdición de los pueblos está en la negación de Dios. Abortos, divorcios, droga, criminalidad, degradación de costumbres, enfermedades mentales, vida desesperada, suicidios, fealdad del arte, ignorancia orgullosa de sí misma, lujuria generalizada, rebeldía, divisiones, nación partida en partidos, que se parten a su vez en más partidos, falsificación de la historia, negación de la propia identidad nacional, disminución tal de la natalidad que ciertas naciones se verán dominadas en unos cuantos años por los inmigrantes que ahora ocupan en ellas lugares serviles, etc.: todo eso viene de la negación de Dios y de su enviado Jesucristo. Por tanto, afirmar a Dios, a Cristo, a su Iglesia, es hoy la misión más urgente de los cristianos.
«Jamás el globo terrestre ha estado envuelto en una nube más espesa, jamás la humanidad ha caminado por caminos más sombríos y oscuros. Se diría que ha retornado el primer comienzo de la creación, cuando todo era caos y las tinieblas cubrían la superficie del abismo, no habiendo Dios aún separado las tinieblas de la luz. En pleno día dudamos, tanteamos, tropezamos como en la noche… Y los conductores de los pueblos, más ciegos aún que aquellos a quienes conducen, no logran sino precipitarnos con ellos en una misma fosa» (VIII, 167).
Ya vimos que estas mismas verdades eran ya afirmadas en el siglo XVII por santos como La Colombière y Grignion de Montfort (post 4). Pues bien, hoy son verdades más verdaderas, si cabe, pero mucho más silenciadas. Entonces podían decirse, hoy no. Al menos, casi nadie las dice, temiendo verse proscrito.
«Toca a nosotros proclamar más alto que nunca que “no hay sino un solo Nombre bajo el cielo en el que los hombres pueden ser salvados, el nombre de Jesús” [Hch. 4,12]… Toca a nosotros proclamar que el cristianismo es inmutable, y que la Revolución que cambió la faz social de Francia y de una parte del mundo, no ha cambiado nada de la obligación positiva en que están todos los hombres de conocer y practicar la religión sobrenatural y divina, única que puede obrar la salvación de las almas» y de los pueblos (III, 199). «Volved a colocar la verdad sobre su pedestal; enseguida habrá numerosos hombres, y no tendréis otro problema que el de elegir a alguno de ellos», para que guíe a los otros (VII, 260). Ocurre como en los tiempos de la ruina del Imperio Romano: «Romanus orbis ruit, et tamen cervix nostra erecta non flectitur [cae en ruinas el Imperio, pero se mantiene erecta nuestra cerviz] (San Jerónimo). Llenos de horror por el mal, tenemos aún más horror por el remedio. Y porque no estamos dispuestos a suprimir la causa de la enfermedad, la enfermedad es incurable» (VII, 76-77).
El reinado social de Cristo es el único plan válido para los pueblos.Todos los otros planes llevan a perdición. Sin embargo, abrumados muchos cristianos por el poder generalizado de Satanás sobre el mundo, se pliegan a ese poder, lo aceptan al menos como inevitable, admiten como irremediable que el poder del Maligno impere sobre el mundo, llegan a pensar que el cristianismo es aplicable solo a personas y familias, o a pequeñas comunidades, pero no a la sociedad. Estiman piadosamente que, por permisión de la Providencia divina, «el mundo todo está bajo el Maligno» (1Jn 5,19), y que no pueden cambiarse los planes de Dios.
Pero «decir que Jesucristo es el Dios de los individuos y de las familias y no el Dios de los pueblos y de las sociedades, es decir que no es Dios. Decir que el cristianismo es la ley del hombre individual, y no la ley del hombre colectivo, es decir que el cristianismo no es divino. Decir que la Iglesia es juez de la moral privada y doméstica, y que nada tiene que ver con la moral pública y política, es decir que la Iglesia no es divina» (VI, 434).
Estos cristianos, que aceptan el naturalismo liberal, consideran quizá que la Europa de Carlomagno, de San Luis de Francia, de San Fernando de España, de San Esteban de Hungría, de los Reyes Católicos fue un sueño pasajero, y que sería una exageración afirmar la histórica realidad milenaria de la Cristiandad (cf. P. Alfredo Sáenz, S. J.,La Cristiandad. Una realidad histórica, Fund. GRATIS DATE, Pamplona 2005). No combaten, consecuentemente, al Enemigo del género humano, considerándolo invencible, sino que se concilian con él, buscando un lugar favorable en su Imperio siniestro. Todo intento de evangelizar el mundo en su vida social y política sería irrealizable, y por tanto vano, inútil, malo, incluso perjudicial para la Iglesia.
Pero «nada hay de quimérico en el programa [del Evangelio] al que se deben tantos beneficios de primer orden. Lo que es de verdad quimérico, lo que es irrealizable, es el programa de la Revolución, no el de la Iglesia. Cuando la Iglesia pone sus principios, aun cuando impliquen una perfección que no será jamás alcanzada en la tierra, quiere sus consecuencias, todas sus consecuencias. Cuando la Revolución pone sus principios, no quiere sino una parte de sus consecuencias; frena, encadena las consecuencias demasiado generales y extendidas; la consecuencia extrema y total sería el infierno. La Revolución no puede y no quiere ser lógica hasta el fin. La Iglesia puede y quiere serlo siempre: nada en el mundo es más práctico y menos quimérico» (V, 189).
Supongamos el caso imposible de un pueblo que viviera cabezabajo, con los pies por alto, y que en consecuencia estuviera abrumado por males innumerables. De poco serviría que les lleváramos medicinas, alimentos, ropa, etc., si no cumpliéramos con aquellos pobres hombres la caridad más urgente: decirles que se pusieran de pie, con la cabeza arriba y los pies en la tierra. Solo la verdad podría liberarlos de sus miserias. Habríamos, pues, de advertirles bien claramente que, si no lo hacían, de ningún modo podrían superar sus males; habríamos de gritarles que, de seguir cabeza abajo ¡no tenían remedio! Y en el supuesto de que, obstinados en su error, no nos quisieran creer, nada nos eximiría del deber fraterno de «darles el testimonio de la verdad», una y mil veces. Ésa fue la norma del Obispo de Poitiers, y ésa es la norma de Cristo y de todos los santos.
Se llamaba Jordán Bruno Genta, aunque algunos todavía no sepan escribir ni pronunciar su nombre. Y otros -recién llegados curiosamente a su tributo- lo hayan ignorado o rechazado por extremoso; mientras nosotros, nacionalistas y católicos, lo homenajeábamos año tras año, a veces en la soledad de una catacumba eclesial amiga, a veces en algún fogón provinciano siempre hospitalario, y cada día desde la clase, el libro o la conferencia.
Éramos jóvenes cuando lo mataron y cuando despedimos sus restos con nuestro inconfundible estilo. La memoria registra ojivas caudalosas de brazos en alto mientras su féretro avanzaba hacia la tierra postrimera, los gritos multiplicados de ¡Presente! ante su nombre coreado con bravura, y la consigna legionaria lanzada al viento como un desafío: ¡Viva la muerte!
Fuimos envejeciendo, pero por la gracia de Dios, aquellos ideales juveniles no resultaron abandonados ni torcidos.
Jordán, palabra aguda de resonancias graves y luminosas, como el río en el que recibió el bautismo Nuestro Señor Jesucristo. Bruno, fuerte como coraza o armadura, en antigua semántica germana.
Dios se las ingenió para que se cumpliera el poema: mira que al dar un nombre se recibe un destino.
- II -
Enseñó la Verdad Católica, Apostólica y Romana, en plena y continua comunión con la Cátedra de Pedro. Mas no ignoraba la presencia de los lobos revestidos con las apariencias de corderos. Sufría con el Vicario de Cristo el humo de Satán enseñoreado en el lugar sagrado.
No aprobó jamás los procedimientos castrenses irregulares y clandestinos para combatir al marxismo. Clamaba por la guerra justa, limpia, frontal y varonilmente librada: la guerra contrarrevolucionaria, de la que fue su más esclarecido doctrinario.
Distinguía entre el testigo y el verdugo, el partisano y el guerrero, el soldado patrio y el guerrillero apátrida. Nunca se le hubiera ocurrido homologarlos en un sincretismo contrario a la justicia. La unidad de las derechas y las izquierdas no aparecía en sus discursos. O se honraba a los gauchos de Obligado, o se aplaudía -como los unitarios- la usurpación extranjera. Pero gauchos y usurpadores no resultaban materia de forzadas reconciliaciones mediáticas.
Será prudente aclararlo. Guerra fratricida y dolorosa fue la de nuestra Independencia, porque al fin de cuentas eran los contendientes todos hijos de España. Guerra fratricida y tensa, si se quiere, la de nuestra pugna entre los ponchos celestes y las vinchas punzó. Pero la invasión planificada del Marxismo Internacional contra La Argentina, con la anuencia de una clase nativa al servicio del Aparato Subversivo Mundial, no es contienda de hermanos. Es el programa endemoniado que entonces supo lanzar la Unión Soviética y sus satélites contra las naciones cristianas.
Bien está que pidamos para que la clemencia de Dios alcance a Caín, a Ismael y a Esaú. Pero sólo Abel, Isaac y Jacob son figuras de Cristo.
Bien está que la muerte nos llegue a todos y en las cenizas nos iguale, instándonos por eso a la caridad y deponiendo rencores torvos. Pero uno es el "polvo enamorado", y otro el destino de los que tendrán que abandonar toda esperanza cuando les llegue su Juicio. De unos seguirán cantado los versos de Foxá:"para la muerte, hermano, te vestirás de fiesta". De los caínes se apiade el Señor de la Misericordia y nosotros no le dejemos de rezar.
"Allegados son iguales", decía Jorge Manrique respecto de los muertos que se homologaban unánimemente al tener que comparecer ante el Tribunal del Altisimo. Pero también distinguía entre quien se presentaban con villanía y bajeza, y el varón singular que podía ser rotulado como "maestro de esforzados y valientes".
- III -
Genta sostuvo una enemistad firmísima con el comunismo, pero también –y simétricamente- con el liberalismo en todas sus variantes. El liberalismo sigue siendo un pecado, y lo sabía.
No fue democrático. Admiraba a los grandes monarcas santos, a los varones jerárquicos instauradores de gobiernos fuertes, a los jefes aristocráticos, a los Caudillos de la Patria y de Occidente; y hasta respetaba cristianamente a los grandes conductores nacionales a quienes aplastó la conjura aliada en 1945.
La Realeza Social de Jesucristo era su opción política. El Omnia Instaurare in Christo, su lema y su norte. Su divisa flameante e izada bien al tope.
Jamás fundó un partido ni aconsejó formarlo o integrarlo. Jamás creyó en la unidad de los opuestos, ni en la coyunda con liberales y populistas, ni en la acción conjunta con quienes no existe previamente la unidad en el Ser, ni en la concordia entendida como irenismo o rendición. Repetía con Santa Teresa: “es preferible la Verdad en soledad al error en compañía”. Y con Aristóteles: “en toda juntura entre lo malo y lo bueno, sufre lo bueno”. No mixturaba los contrarios, así como evitaba mezclar el agua con el vino.
Se atrevió a decir lo que otros callaban y aún callan: que hay una culpabilidad judeomasónica tras el drama de la Argentina y tras la derrota de la Civilización Cristiana. Ni el pulso ni la voz tremaron en su cuerpo cada vez que fue necesario opugnar con la Sinagoga de Satanás. Pero tampoco faltó la caridad siempre que un prójimo, fuere quien fuese, se aquerenciaba hasta su puerta.
Denunciaba con bizarría al Imperialismo Internacional del Dinero, y con mirada sobrenatural alertaba contra la acción del Anticristo.
- IV -
Señaló la naturaleza crapulosa del peronismo, y una por una marcó a fuego las canalladas múltiples de Perón, artífice de la subversión , cohonestador de sus primeros crímenes, y propugnador hasta el final del mundialismo masónico, previo paso por el continentalismo y el socialismo nacional, como repitió hasta el hartazgo. El mito de la expulsión de la Plaza de Mayo de los montoneros no pasó por su magín. Perón murió carteándose cortésmente con Mao, Castro, Dorticós y Allende. Y los jefes montoneros hicieron la "v" de la victoria ante su féretro. Extraño caso de unos "echados" que rinden honores al "echador" y le prometen proseguir la lucha.
Las tónicos del pasado no son las medias verdades sino la metafísica, la teología y la honesta historiografía.
Expresamente repudió la falsa línea ideológica “San Martín - Rosas - Perón”. Sus arquetipos no eran los incendiarios de iglesias sino los herederos de la estirpe del Cid. Una memoria completa no basta para saberlo. Es necesario una historia veraz.
La teoría de los dos demonios, y la posición de quienes se sienten discriminados porque sólo se ataca a uno de ellos, le hubiera causado repulsión y desprecio. En la patria, no se enfrentaron ni se enfrentan dos demonios sino las dos ciudades agustinianas. Él batalló por la Civitas Dei y cayó en su defensa, heroicamente. No fue la víctima accidental de una refriega terrorista. Fue un combatiente valeroso abatido a mansalva por el enemigo. Su condición de víctima sólo puede señalársele en el más profundo sentido teológico de la palabra. Pero escapa completamente al alcance habitualmente otorgado al término, como sinónimo del que muere por causa eventual o efecto secundario.
No estaba por azar cuando ocurrió el atentado marxista, el 27 de octubre de 1974. Ni recibió una bala casualmente, ni resultó el damnificado de una explosión que buscaba otro destinatario. La substancia antes que los accidentes explican su caída. Lo habían ido a matar a la puerta de su casa. Un domingo, cuando rumbeaba para la Santa Misa, en la tradicional festividad de Cristo Rey, como después escribieron sádicamante sus verdugos.
Tuercen los hechos quienes dicen que lo mataron por pensar diferente. Lo mataron por pensar verdadero y obrar y vivir en consecuencia.
Cayó con muerte previsible, anunciada, esperada. Con la muerte bella y merecida del mártir. Dio su sangre ofrecida en oblación por la Cruz y la Bandera, por la Fe y por la Verdad Crucificada.
Para inteligir lo sucedido el 27 de octubre de 1974, no hay que acudir a “las sórdidas noticias policiales”, sino al misterio de la Comunión de los Santos.
Que lo hayan matado los mismos que antes y después mataron a tantos otros —¡ay!, tantos hombres de bien!— no quiere decir que lo hayan matado por lo mismo. No lo mataron por lo mismo que buscaban segar las cabezas de mercaderes yanquis, de empleados del Club de Roma, de dirigentes radicales, de empresarios usureros o de gremialistas pseudonacionalistas, defensores de Salvador Allende . Su muerte no fue un ajuste de cuentas entre internas peronistas. Los guerrilleros distinguieron en su momento lo que hoy no saben ni quieren distinguir otros.
Y que haya muerto en democracia, bajo un gobierno constitucional, no aumenta las culpas de la guerrilla, por no respetar la voluntad popular. Prueba hasta el cansancio lo que el mismo Genta enseñaba recordando el maquiavelismo marxista-leninista: "la democracia es la vía de acceso más directa al Comunismo".
Lo mataron por ser católico y nacionalista. Lo mató el odio rojo por luchar por el Amor de los Amores.
- V -
En vida, quisimos ser sus discípulos y seguidores.
Desde que lo asesinaron, no hemos dejado de honrarlo, recordarlo, difundirlo, y darlo a conocer entre quienes no habían tenido la gracia de conocerlo. Lo hicimos sin medios y sin los medios. En soledad, con la conspiración de silencio como sombra amenazante y artera. Lo hicimos —corriendo modestos pero concretos riesgos— sin que se enteraran ni nos acompañaran los que hoy, en buena hora, se han percatado de su existencia y se suman a la partida. Bienvenidos si vienen por la victoria pendiente, antes que por la paz gandhiana. Por el perdón tendido al que se arrepienta y enmiende con sinceridad, y la resistencia empecinada contra los herederos sanguinarios del bolchevismo, enseñoreados hoy sobre la nación. Perdonar a los criminales sin arrepentimientos ni compensaciones de sus desmanes no es virtud; es vicio y se llama lenidad. Tender la mano al homicida insolente y amenazante, no es un gesto cristiano sino absurdo.
¿Que importancia tiene que una pseudojusticia mundana —en manos de sodomitas y aborteras— declare alguna vez que el crimen de Genta o el de sus pares en el martirio fue de lesa humanidad? ¿Son acaso las categorías de Nüremberg las que glorificarán a nuestros muertos ilustres? ¿Son acaso los criterios del enemigo los que han de blanquear sus memorias insignes? No fue un crimen de lesa humanidad contra los derechos del Salvador el que se perpetró en el Gólgota. Fue el deicidio. Los deicidas siguen matando a los testigos del Gólgota. Y no hay leguleyería internacionalista que alcance para calificar a los victimarios.
Tampoco estamos pidiendo que un tribunal oportunista y mendaz investigue a los autores del homicidio, ni nos quejamos porque los pastores cobardes de este suelo hayan rechazado la sola posibilidad de introducir su beatificación. Ya dispondrá Dios, en tiempo y forma, príncipes dignísimos de la Iglesia como aquellos que beatificaron a Anacleto González Flores.
Ningún secreto encierra la causalidad formal de su asesinato. Los que lo abatieron gobiernan. Sus nombres y sus rostros, son los nombres y los rostros execrables del Régimen. Caras con muecas sicarias y rictus infames que no logran disimular los avances cosméticos.
- VI -
Dios permita que mañana, por obra de un Caudillo victorioso, se pueda consumar en la Argentina la bella magnanimidad del Valle de los Caídos. El ilustre monumento es una glorificaciòn de la Cruzada, y es a la par el gesto magnificente del vencedor que sabe perdonar y abatir los odios. ¡Qué más quisiéramos que una montaña criolla, burilando en la piedra el fin de las discordias, tras un parte de batalla que diera cuenta de que el ejército rojo está "cautivo y desarmado". Dichosos quienes conservan este sueño. Generosidad ejemplar los impulsa y sostiene.
Pero aquí y ahora, entre nosotros, con los enemigos ultrajando a Dios y a la Patria, activa y ferozmente, no es el tiempo del Valle de los Caídos sino la hora del Valle de Elah. Aquel donde cuentan las Escrituras que David supo tumbar al maléfico Goliath.
Siempre será honesto y legítimo predicar la concordia y bregar por ella. Cuánto más si el objetivo es la libertad de los cautivos, cuyo confinamiento supera el límite de todo oprobio. Pero sépase que la concordia no ha de pedírsele a Luzbel, ni ofrecerla como garantía de conciliaciones a cualquier precio, ni exhibirla como prueba de debilidad. La primavera no volverá a reír porque le roguemos a los tiranos que escuchen nuestras buenas intenciones. Antes habrá que alistarse en una resistencia valiente para que la tiranía no termine por arrasarlo todo.
Jordán Bruno Genta está a la derecha del Padre, gozando del merecido cielo que alcanzó por asalto, al haber caído como mártir de la Fe en el más estricto y cabal sentido de la palabra. Los mártires de los últimos tiempos no serán reconocidos como tales, escribía San Agustín. No serán reconocidos por los heresiarcas. Pero el Dios de los Ejércitos pasa revista en cada alba, y un ángel arcabucero señala su presencia con un centelleo vertical de luces altas.
De eso se trata este homenaje. De decir la verdad entera.
Jordán Bruno Genta: mártir de Cristo Rey. Jordán Bruno Genta: maestro de la Verdad. Jordán Bruno Genta: católico y nacionalista.
"El matrimonio, la maternidad y la familia son valores fundamentales. No puede haber progresos reales a expensas de estos valores. La familia es el santuario de la vida, servidora de la vida, porque la vida es la base de todos los derechos humanos..."
Monseñor Villalba, Obispo de Tucumán
¡A un año de la Primera marcha de los escarpines Córdoba, convocamos a la VI MARCHA DE LOS ESCARPINES!
¡Una hora de tu tiempo al mes pude salvar una vida para siempre...!
ES PERSONA, Argentina e indefensa Políticas ajenas al País quieren impedir que nazca, Políticos argentinos aceptan este mandato El Derecho del niño está protegido en la Constitución Como político electo para custodiar nuestros derechos, respeta la Constitución y ¡VOTA POR SU VIDA!
“El no sabe de leyes pero tiene derecho a vivir”
Marcha de los escarpines convoca a defender la vida en:
Bs. As.: Congreso de la Nación (Callao y Rivadavia) Miércoles 28/10 18:30 hs. Córdoba: Legislatura Provincial (Obispo Trejo y Dean Funes) Miércoles 28/10 18:30hs. Neuquén: Monumento al General San Martin, 28/10 18:30 hs
Convocatoria a la marcha de Neuquén:
Con el lema "Neuquén ¡Una luz de esperanza!" se realizará la marcha de los escarpines, en el marco de la presentación, en la Legislatura de la provincia de Neuquén, del Proyecto de ley por los derechos del NIÑO POR NACER.
Es muy importante la participación de todos, en familia. Llevar carteles con escarpines gigantes, globos, remeras, pancartas con fotos de nuestras familias y todo aquello que nos ayude a manifestar que clase de familia queremos los neuquinos.
¡LOS ESPERAMOS!
¡LA DEFENSA DE LA VIDA, ES UN DEBER DE TODOS!
Nuevamente este 28/10 ciudadanos argentinos saldremos a las calles a decir que NO QUEREMOS QUE SE MATEN HOMBRES Y MUJERES INOCENTES E INDEFENSOS, QUE QUEREMOS VIVA PARA TODOS, PORQUE TODA VIDA VALE LA PENA, LA DE LA MAMA, LA DEL BEBE, LA DE TODOS!
¡Sus Derechos están protegidos en la Constitución, sin embargo hace varias semanas se difundió un teléfono para su rápido exterminio, Exigimos a nuestros legisladores que actúen YA! ¡Contra esta línea telefónica para asesinar vidas humanas inocentes!
EN BS AS Y CORDOBA SE REZARA UN ROSARIO POR LA VIDA FRENTE A LA IMAGEN DE NUESTRA SANTISIMA VIRGEN MARÍA
Organizan y adhieren:
FAMPAZ, Familias del mundo unidas para la Paz Gianna Beretta Molla, Asociación Mariana Argentina, Fundación Argentina del Mañana; Fundación Familia de las Americas, filial Argentina, Asociación Francisco Bosch, Foro Vida familia Argentina, Jóvenes en Acción, Argentina Joven, contra la drogodependencia en Argentina; Jóvenes por la Verdad; Política y Desarrollo; Asoc. PALADIM, Areópago Asociación Civil; Asoc. Asesca, Asoc. Iberoamericana MRP, Por una vida más Digna, Asociación SEN, Pro Familia, FUAM, Fundación Argentina de la Mujer; Asociación CMRP, Centro de Investigaciones en Ecología Social; Liga de Madres de Familia Nacional, Nazaret es Vida; Asociación Civil de la Trinidad y Santa María para la Promoción de la Salud y la Educación; La Plata: Jóvenes por la Vida; Córdoba: Mujeres por la Vida, De Mujer a Mujer, Mendoza: Centro de Investigaciones de la Problemática Familiar (CIDEPROF); Rosario: ONG Porvenir; Salta Red de Comunicadores Católicos; Juventud Comprometida; Fundación Argentina de la Mujer, RENOVACION CATOLICA CARISMATICA DE LA ARQUIDIOCESIS; Santa Fe: Movimiento Pro Vida "Juan Pablo II"; Centro de Estudios Políticos y Sociales "Santo Tomás Moro"; Grupo Juvenil "San Luis Gonzaga"; Pre-Juveniles de Lourdes - Pquia. Ntra. Sra. de Lourdes de Santa Fe; Partido Demócrata Cristiano Dto. La Capital - Santa Fe ; M9 - Movimiento 9 de Julio; Cristina Yozia - Redacción PyD; Juan Carlos Sánchez - Editor PyD /Diario7; Enrique Morel – Editor www.nuevoencuentro.com; Juan José Bolesso - Prensa CEPS "Santo Tomás Moro"; Oscar Donnet - Miembro CEPS "S. Tomás Moro"; Dr. José María Mazza: Padre Ricardo Bautista Mazza; Ing. Jorge Juan Ferrer - Interventor Part. Demócrata Cristiano S. Fe; Asociación Civil EVA, Comunidad Ibicuyna P. Pedro Emilio Rojas; PARTICULARES: Chiquita Lanusse de Miguens; , Ana María Garat, María Sara Brugnoli, Mendoza DR FELIPE PEREZ DELLEPIANE, Patricia Murray; Misiones Alicia González; Oscar M. Castagnino; ANA DANERI; Catalina de Donzeli; Corrientes: Mercedes García Enciso de Saénz Rosas; Marisa Sosa Laborda, Entre Ríos Viviana Grandolio, entre otras asociaciones y particulares del País que respetan la Vida, La Justicia y La Paz.
Córdoba recibió adhesiones de:
Jóvenes Autoconvocados por la vida, Portal de Belén, adherentes Particulares: San Luis: Mariela Andrea Contreras, Martín Darío Sardi, Córdoba: Fray Rafael Rossi OP, Matrimonio Meneghini, Doctor Alberto Caturelli, La Pampa: Ana Clara Arteaga Paraná: Bruno Cura, Asoc. Jóvenes por la Vida (La Plata), Asoc. PALADIM, Asoc. Asesca, Asoc. Iberoamericana MRP, Por una vida más Digna, Asociación SEN, Centro de Investigaciones en Ecología Social, Argentina Joven, Asociación CMRP, MUJERES POR LA VIDA (filial Córdoba), Asociación Civil EVA, Sede Prov. Santa Fe, De Mujer a Mujer, Pro Familia, FUAM(Fundación Argentina de la Mujer).
El 14 de Septiembre la Iglesia celebra la Fiesta de la Santa Cruz, día en el cual se recuerda el hallazgo de la verdadera Cruz del Señor en el año 320, por parte de Santa Elena, madre de Constantino. El contexto sacro que nos presenta la Liturgia de este día nos permite reflexionar sobre un tema de importancia capital: ¿Cuál es el sentido de la humillación? ¿Por qué el Mesías debía redimir al hombre a través del sufrimiento? ¿Es que Dios, a quien pertenece todo poder y a quien se debe toda gloria no podía escoger un camino más «humano», menos terrible para alcanzar este fin? Como recordaremos, los mismos apóstoles tuvieron dificultad para entender el camino de la cruz que el Señor les manifestaba. Ahora bien, también nosotros podemos preguntarnos: ¿Y nuestro mundo actual, entiende o acepta el camino de la cruz? ¿Y nosotros…, dónde estamos?
Cruz y kénosis.El misterio de la cruz está íntimamente relacionado con el de la kénosis o anodadamiento, del cual nos habla San Pablo en Filipenses, capítulo 2º. Comprender algo de lo que Dios nos ha revelado en este misterio parece esencial a nuestra vida cristiana en el mundo de hoy, a las opciones y determinaciones fundamentales que hemos de tomar de cara a la eternidad. Pero, ¿en qué consiste este misterio?
Antes de la creación del mundo —conociendo Dios la infinitud de sus atributos y perfecciones, y dado que es propio del bien comunicarse y difundirse—, ha querido Dios ejercer su liberalidad y misericordia haciendo participar fuera de si la plenitud encerrada en su divinidad. Por eso, quiso comunicarse «ad extra», para que sus criaturas pudieran gozar de los tesoros de su gloria, de manera de santificarlas, y llenarlas de perfecciones. De aquí que Dios determinase a que el Verbo, la Segunda Persona de la Santísima Trinidad, asumiera una humanidad santísima tomando carne y se hiciese visible como hombre. El misterio de la Encarnación conlleva en sí mismo el anodadamiento, lo que se podría llamar «despojamiento infinito» de Dios. El Verbo al asumir una naturaleza humana se rebaja, se despoja, se ano-nada (se hace casi como nada), pues el infinito entra en la limitación del tiempo y del espacio. Al nacer con un cuerpo humano, como un niño pequeño, Dios mismo sufre, llora, ríe y necesita que lo alimenten, que lo cuiden, que lo abriguen —¡Él, que ha creado, alimenta y sostiene a la creación entera! Que el Verbo hecho hombre, primogénito de toda criatura, por quien y para quien todo fue hecho haya querido hacerse tan frágil y débil como un niño recién nacido, como un joven que aprende, como un adulto que se deja humillar, es algo que nos deja perplejos y que nos debe llevar a meditar con frecuencia. La cruz constituye la culminación de este camino. Porque Cristo trabajó con manos de hombre, pensó con inteligencia de hombre, obró con voluntad de hombre, amó con corazón de hombre, nos enseña el Concilio Vaticano II (GS 22). En este sentido, la Encarnación es verdaderamente una kenosis, un «despojarse», por parte del Hijo de Dios, de la gloria que tiene desde la eternidad (cf. Flp 2,6-8; 1 P 3,18).
Pérdida de la fe.El mundo occidental vive hoy lo que podría llamarse una «noche oscura del espíritu», con la diferencia respecto de los santos, de que al entrar en dicha noche, no ha mantenido la fe sino que ha sucumbido, se ha perdido. Luego de la Edad Media, la evolución del pensamiento nos ha llevado en estos últimos 7 siglos, sociológicamente hablando, a la apostasía de la fe. La autoafirmación del hombre como lo absoluto, que ya está en la base del pecado original, ha llevado a constituir la soberbia humana en lo que Karol Wojtyla llama «la anti-palabra», un sistema de pensamiento ideológico que excluye a Dios de la vida humana por principio, y, en nuestro tiempo, por principio democrático. Son muchos los que llevados por la bestia apocalíptica, han vuelto la espalda a Dios con desprecio. Y este proceso encuentra también justificaciones al interior de la Iglesia, donde se buscan soluciones de manera de poder consensuar el Evangelio con el mundo, tanto en lo doctrinal, lo litúrgico, lo moral como en la oración.
Solución: nuestro propio anonadamiento. La pregunta que nos surge de lo dicho es: ¿Qué hacer en esta hora de la humanidad? Una respuesta, de las muchas que pueden surgir, la encontramos en aquella antífona de Completas que en el Oficio divino benedictino se canta el día miércoles: «¿Nonne Deo subdita erit anima mea?» ¿Acaso no se someterá a Dios mi alma? Los tiempos actuales claman para que los cristianos testimonien con sus vidas el camino contrario que sigue el mundo. Y este camino es, junto al testimonio martirial por la verdad, el del anonadamiento. Si algo debiera caracterizar a los fieles católicos ahora es la humildad y la consiguiente obediencia a la Iglesia. Obediencia no sólo en cuestiones de fe y en leyes positivas y disposiciones disciplinares que nos venga de nuestros legítimos pastores, el obispo en comunión con el Papa, sino mucho más aun. Se trata de una actitud interior de disponibilidad, de apertura, de prontitud a una obediencia en cosas de las cuales sería incluso legítimo discrepar. Esto es lo que San Ignacio dispuso para los jesuitas mediante un 4º voto de obediencia al Papa, aunque muchos de ellos no lo recuerden.
Las palabras del gran Padre de la Iglesia, San Ambrosio nos pueden ayudar a entrar en este espíritu humilde cuando dice: … el Verbo, al hacerse hombre, se rebajó; siendo rico, se hizo pobre, para enriquecernos con su pobreza (cf. 2 Co 8, 9); era poderoso, y se mostró tan débil, que Herodes lo despreciaba y se burlaba de él; tenía poder para sacudir la tierra, y estaba atado a aquel árbol; envolvía el cielo en tinieblas, ponía en cruz al mundo, pero estaba clavado en la cruz; se había anonadado, pero lo llenaba todo. Descendió Dios, ascendió el hombre; el Verbo se hizo carne, para que la carne pudiera reivindicar para sí el trono del Verbo a la diestra de Dios; todo él era una llaga, pero de esa llaga salía ungüento; parecía innoble, pero en él se reconocía a Dios" (III, 8, SAEMO IX, Milán-Roma 1987, pp. 131-133).
Conversión de nuestra mente para comprender la sabiduría de la cruz.Para poder penetrar en el misterio de la cruz es necesario pedir humildemente la gracia de nuestra conversión. Debemos pedirle al Señor que nuestros criterios de juicio, nuestros valores determinantes, nuestros puntos de interés, nuestras líneas de pensamiento puedan ser evangelizados, dejando penetrar la palabra de Dios. Todos nosotros, cual más o cual menos, debemos pedir esta gracia grande de no pensar ni guiarnos por los criterios de los hombres, para evitar recibir un reproche tan tremendo como el que recibió el Príncipe de los apóstoles: «¡Quítate de mi vista, Satanás! ¡Escándalo eres para mí, porque tus pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres!» (Mt 16,23). Es la Palabra de Dios escrita o transmitida, es decir, la Sagrada Escritura y la Sagrada Tradición, auténticamente interpretada por el Magisterio de la Iglesia la norma verdadera y segura de toda doctrina y comportamiento humano.
Cruz, suprema manifestación de amor y misericordia.Este proceso de conversión mental y como consecuencia, moral, puede tener momentos dolorosos, pero, a fin de cuentas, es una verdadera seducción. Es el amor del Señor lo único que puede sacarnos del espejismo en que tantas veces nos encontramos, para que nuestra mente sepa discernir la voluntad de Dios. Es el amor y sólo el amor de Dios por nosotros lo que explica el misterio de la cruz. El sufrimiento de Cristo es la suprema manifestación, la más grande del amor salvífico de Dios por nosotros. San Pablo lo dice todo en dos palabras: «Me amó y se entregó por mí…» (Gal 2, 20). Es una gran felicidad sabernos así amados por Dios. Por tanto, cuando nos visite el Señor con el sufrimiento y el dolor, no le digamos como San Pedro que eso no nos suceda, sino que, más bien, sigamos su ejemplo cuando, en aquella maravillosa mañana, junto al lago de Tiberíades, San Pedro, ahora sí convertido, seducido por el amor de Jesús, le ha dicho: «Señor, tú lo sabes todo, tú sabes que te amo». Recordando también las palabras que dijo el Señor a San Juan de la Cruz: «Sube a mi Cruz. Yo no he bajado de ella todavía». Que la Santísima Virgen nos alcance esta gracia. Amén.
Hace unos 19 años atrás, estando de Retiro en un Monasterio trapense, el Superior de aquella Casa tuvo a bien hacerme una confidencia sorprendente por su sinceridad. Era como confiarme un examen de su propia conciencia de cara a la Palabra de Dios. Me dijo, saliéndole muy de adentro: «Cuando leo los Evangelios, veo que a Nuestro Señor lo perseguían, lo rechazaban, lo despreciaban por todas partes». Y luego agregó con una expresión de profundo dolor: «a mí no me pasa nada de eso…». Y concluyó con verdadera compunción: «…¡¡y ya me estoy volviendo viejo!!».
La primera lectura de este domingo XXVnos muestra la actitud de los impíos frente al justo, que obra conforme a la ley de Dios. «Acechemos al justo, que nos resulta incómodo: se opone a nuestras acciones, nos echa en cara nuestros pecados…» (Sb. 2, 12). El justo, que es el santo, el que es fiel a Dios y a sus preceptos es molesto para el infiel, para el que obra según los criterios del mundo pecador, para quien se opone a Dios. «Lleva una vida distinta de los demás y su conducta es diferente» (Sb. 2, 15). Su sola actitud resulta odiosa, puesto que es un reproche para los hijos de las tinieblas.
En el Evangelio, San Marcos nos relata el segundo anuncio de la Pasión. Cristo va de camino instruyendo a sus discípulos y les explica: «El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres, y lo matarán; y después de muerto, a los tres días resucitará» (Mc. 9, 31). Acto seguido aparece la actitud de los discípulos, que «no entendían aquello, y les daba miedo preguntarle». Ya se ve que el anuncio de los sufrimientos del Señor era inadmisible para el universo mental que ellos tenían del Mesías, y preferían huir de este tema guardando silencio. Oír hablar de persecuciones y sufrimiento les ocasionaba cierto escándalo, como pudimos comprobarlo en el Evangelio del domingo pasado, cuando Pedro se pone a increpar a Jesús (…) al oír que Éste tenía que ser entregado a manos de las autoridades judías de su tiempo (cf. Mc. 8, 31).
A la luz de estos textos que nos regala la Sagrada Liturgiapodríamos hacernos algunas preguntas que nos ayuden a la meditación. ¿Es normal que los cristianos que vivan fieles al Evangelio sufran persecución? Si es así, ¿hay excepciones? ¿Puede o debe el cristiano capitular y renegar de algunos principios para no resultar tan molesto para el mundo que le rodea, o bien para sacar adelante la causa de Cristo y de la Iglesia? Hoy, cuando todo se opone con tanta violencia a Cristo y a su mensaje de salvación, cuando el ambiente se vuelve cada vez más adverso, ¿qué actitud debe tomar el que desea ser verdaderamente fiel a Dios?
Lo primero que habría que decir al respecto es que las persecuciones y enfrentamientos con el mundo no son ninguna novedad ni debieran extrañarnos. Podemos encontrarlo anunciado a lo largo de toda la Sagrada Escritura. Ya en el Antiguo Testamento los profetas fueron atacados, perseguidos y muertos por los hombres de su tiempo, que no querían oír los reproches por su mala conducta. El pueblo de Israel se había prostituido con los falsos dioses y el llamado a la conversión, para no caer en toda clase de desgracias, les resultaba profundamente molesto. Elías, por citar un ejemplo, huye de Jezabel, que ha dado muerte a todos los demás profetas de Israel (cf. 1R., 19). Así, también encontramos innumerables pasajes que predicen los padecimientos y la muerte redentora de Cristo.
Al mirar la vida de Nuestro Salvador desde esta perspectiva, se hace manifiesta de una manera muy clara, su «vocación al martirio», un martirio que se consuma en la Cruz. El verdadero cristianismo, si quiere ser fiel a su Señor, no puede pretender encontrar un camino legítimo que lo dispense del martirio y de la Cruz. El Señor nos responde diciendo con toda claridad: Quien no toma su cruz y me sigue, no puede ser discípulo mío (Cf. Mt. 16, 24). Y San Pablo no deja lugar a dudas cuando dice: «Todos los que quieran vivir piadosamente en Cristo Jesús, sufrirán persecuciones» (2 Tim. 3, 12).
Conviene recordar que el Salvador del mundo tuvo que nacer en un pesebre propio de animales, porque en la posada, es decir, en los corazones de los hombres, no se encontró un lugar para Él (cf. Lc. 2, 7). «Vino a su casa, y los suyos no lo recibieron» (cf. Jn. 1, 11). A los pocos días de nacer sufrió la persecución del rey Herodes que acabó con la muerte de los Santos Inocentes, y la Sagrada Familia tuvo que huir a Egipto. En la primera Pascua, Jesús al entrar en el Templo expulsó violentamente a quienes allí comerciaban, acusándolos de haber convertido el Templo, un lugar sagrado, en cueva de ladrones (Mt. 21, 12-13). Desde entonces lo sacerdotes del Templo lo odian, y este choque de Jesús con ellos no augura para Él grandes triunfos y prosperidades. La casta sacerdotal era muy poderosa en el Sanedrín y ante el pueblo. Denunciarla públicamente era convertirse en feroz enemigo, y esto era colocarse en grave peligro de muerte. ¿No hubiera podido proceder Jesús más suavemente, con una gradualidad más prudente, con más diplomacia o con una actitud política más correcta —diríamos hoy?
Cuando sube a Jerusalén para la segunda Pascua, en día sábado sana, en la piscina de Betesdá, a un hombre que llevaba enfermo 38 años. Allí les dice a los judíos que su creencia en Moisés debiera llevarles a la fe en Él, pero como el amor de Dios no está en ellos, lo rechazan (Jn. 5,37-47). Son palabras muy duras.
Deja Judea y viene a Cafarnaúm. Allí tampoco faltan los enemigos. Pero Jesús, una vez más no calla ante ellos. Se declara «Señor del sábado», curando en ese día a un hombre que tenía la mano seca. El evangelista agrega que los escribas y fariseos se concertaron con los herodianos en contra de Él para matarlo.
En la mitad de su segundo año de su ministerio público, predica el Sermón de la montaña, lleno de luz y de gracia. En él, sin embargo, incluye Jesús la trágica bienaventuranza de la persecución por la justicia. Y en ese mismo Sermón, Jesús se atreve a decir cosas durísimas sobre los que entonces eran guías espirituales del pueblo judío (Mt. 5, 20; 6, 16; 6, 24-26; 7, 13-14). Textos de esta naturaleza, los hay numerosos en los Evangelios, para el que tenga oídos para oírlos.
A lo largo de su vida pública, entonces, Jesús choca muchas veces con la soberbia, el formalismo y la hipocresía de los fariseos. Así queda claro que fariseísmo y Evangelio son irreconciliables. El Señor sabe que la sombra de la Cruz se proyecta cada vez más sobre su vida. Pero Él no se espanta por eso, ni lo mueve a buscar actitudes consensuadas de «adaptación» o de «equilibrio» para no perder adhesiones, ni tampoco hace cálculos humanos, ni busca lo que quiere la gente para ganárselos. Si lo hubiese hecho, es evidente, no habría muerto en la Cruz. Sencillamente hace la voluntad del Padre, esto es, ¡busca apasionadamente la salvación de los hombres, que no puede conseguirse sin decirles la verdad, y les da la verdad que puede salvarles, aun arriesgando gravemente su propia vida; ¡les dice la verdad que a ellos les dará la vida y a Él la muerte!
La historia de la Iglesiaestá marcada por las persecuciones por parte del mundo, que no quiere escuchar el mensaje de salvación. Desde los primeros tiempos la vida de la Iglesia está regada con la sangre de los mártires, los cuales resistieron a los ataques del enemigo y dieron su vida por Cristo y por el Evangelio. Ya lo decía el Señor en la Última Cena a sus discípulos: «Si el mundo os odia, sabed que a mí me ha odiado antes que a vosotros». Y a continuación: «Si fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero como no sois del mundo, porque yo al elegiros os he sacado del mundo, por eso os odia el mundo» (Jn. 15, 18-19).
Este texto —que no debería olvidarlo ningún cristiano, sea laico, religioso, sacerdote, obispo o cardenal—, nos ayuda a comprender por qué el verdadero cristiano sufre persecuciones hoy y siempre. Cristo, por su muerte redentora, nos ha sacado del inicuo proceder del mundo. El mensaje del Evangelio implica una conversión total, una metanoia (cambio de mente), que nos lleva a obrar de una manera diametralmente opuesta al mundo. Es por eso que quien quiera seguir a Cristo fielmente debe prepararse para ser tachado de «extremista», «cerrado», «inadaptado», «antisocial», etc. Se hará lo posible por «quitarlo de en medio», excluirlo, porque su sola presencia es ya «piedra de tropiezo» para los que concilian el Evangelio con el mundo, Evangelio y liberalismo en cualquiera de sus formas.
Ahora bien, frente a esta situación, que hoy se acentúa cada vez máspor el rechazo generalizado a Dios, comprobamos con profundo dolor la creciente debilidad de los cristianos. Temerosos de verse relegados y apartados de la vida «normal», prefieren ocultar su fe o simplemente renegar de aquellos principios que confronten con el común modo de pensar y de obrar. Prefieren ahorrarse problemas y convivir «pacíficamente» con los hijos de las tinieblas (cf. Mt. 8, 12; 1 Tes. 5, 5). Estos cristianos conciliadores, «moderados», no hacen sino facilitar el avance de la apostasía del mundo, abriéndole las puertas de la Iglesia. Prefieren soportar con paciencia los horribles males de nuestro tiempo, antes que oponerse frontalmente a ellos. En palabras del Cardenal Pie, Arzobispo de Poitiers, una de las personalidades más relevantes del siglo XIX, se trata de una «generación sin principios fijos, sin doctrina definida, que no tiene voluntad y ardor sino para la negación y que finalmente está más dispuesta a sufrir el mal que a poner el remedio».
Por el contrario, los verdaderos hijos de la luzno se acobardan ante la adversidad. Saben que si a Cristo le han perseguido, no les espera a ellos menor suerte y que, al compartir sus padecimientos, merecerán compartir también la gloria de su resurrección. Escuchan y ponen por obra aquellas palabras de San Pablo: «No os acomodéis al mundo presente, antes bien transformaos mediante la renovación de vuestra mente» (Rm. 12, 2), no confiando en sus propias fuerzas, sino poniendo toda su esperanza en el auxilio de la gracia. Así lo han hecho los santos a lo largo de toda la historia, permaneciendo fieles al Señor en medio de las incomprensiones y sufrimientos. Ellos no han vivido atemorizados y tristes, sino llenos de santa alegría, seguros de heredar con Cristo la vida eterna.
Recordemos la más grande de las bienaventuranzas: «Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los Cielos. Bienaventurados seréis cuando os injurien, y os persigan y digan con mentira toda clase de mal contra vosotros por mi causa. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en los cielos; pues de la misma manera persiguieron a los profetas anteriores a vosotros» (Mt 5, 10-12).
Pidamos al Señor, por la mediación de María Santísima, nuestra Madre, que nos conceda una humilde fortaleza. Humildad para someternos a su santa ley y fortaleza para perseverar inconmovibles en ella. Permanezcamos firmes y llenémonos de gozo cuando nos ataquen y persigan, pues hemos sido hallados dignos de padecer por el nombre de Cristo (cf. Hch. 5, 41).
Que la orientación del sacerdote y de los fieles durante la celebración del Santo Sacrificio del Altar sea la misma es lo que caracteriza a la Misa Tradicional. Transcribimos, a este respecto, el prólogo íntegro que el Cardenal Ratzinger escribió para el libro del P. Uwe Michael Lang, “Vueltos al Señor. La orientación de la oración litúrgica” (los destaques son nuestros): “Para el católico practicante normal son dos los resultados más evidentes de la reforma litúrgica del Concilio Vaticano II: ladesaparición del latín y el altar orientado hacia el pueblo.Quien lee los textos conciliares puede constatar con asombro queni lo uno ni lo otro se encuentran en dichos textos en esta forma.
"A la lengua vulgar, por supuesto, había que darle espacio, según las intenciones del Concilio (1) sobre todo en el ámbito de la liturgia de la Palabra pero, en el texto conciliar, la norma general inmediatamente anterior dice: «Se conservará el uso de la lengua latina en los ritos latinos, salvo derecho particular» (2).
"El texto conciliar no habla de la orientación del altar hacia el pueblo. Se habla de esta cuestión en instrucciones posconciliares. La más importante de ellas es la Institutio generalis Missalis Romani, la Introducción general al nuevo Misal romano de 1969, donde en el número 262 se lee: «Constrúyase el altar mayor separado de la pared, de modo que se le pueda rodear fácilmente y la celebración se pueda hacer de cara al pueblo [versus populum]» . La introducción a la nueva edición del Misal romano de 2002 ha tomado este texto a la letra, pero al final añade lo siguiente: «es deseable donde sea posible». Muchos ven en este añadido una lectura rígida del texto de 1969, en el sentido de que ahora existe la obligación general de construir «donde sea posible» los altares de cara al pueblo. Esta interpretación, sin embargo, fue rechazada por la competente Congregación para el Culto Divino el 25 de septiembre de 2000, cuando explicó quela palabra «expedit» [es deseable] no expresa una obligación, sino un consejo. Hay que distinguir lo que dice la Congregación la orientación física de la espiritual. Cuando el sacerdote celebra versus populum, su orientación espiritual debe ser siempre versus Deum per Iesum Christum [hacia Dios por Jesucristo]. Dado que ritos, signos, símbolos y palabras no pueden nunca agotar la realidad última del misterio de la salvación, se han de evitar posturas unilaterales y absolutas al respecto.
"Es una aclaración importante porque evidencia el carácter relativo de las formas simbólicas exteriores, contraponiéndose de este modo a los fanatismos que por desgracia en los últimos cuarenta años han sido frecuentes en el debate en torno a la liturgia. Pero al mismo tiempo ilumina también la dirección última de la acción litúrgica, que no se expresa nunca completamente en las formas exteriores y que es la misma para el sacerdote y para el pueblo (hacia el Señor: hacia el Padre por Cristo en el Espíritu Santo). La respuesta de la Congregación, pues, debería crear un clima más tranquilo para el debate; un clima en el que pueda buscarse la manera mejor para la actuación práctica del misterio de la salvación, sin condenas recíprocas, escuchando con atención a los demás, pero sobre todo escuchando las indicaciones últimas de la misma liturgia. Tachar apresuradamente ciertas posturas como “preconciliares”, “reaccionarias”, “conservadoras”, o “progresistas” o “ajenas a la fe”, no debería admitirse en la confrontación, que debería dejar espacio a un nuevo y sincero compromiso común de cumplir la voluntad de Cristo del mejor modo posible.
"Este pequeño libro de Uwe Michael Lang, oratoriano residente en Inglaterra, analiza la cuestión de la orientación de la oración litúrgica desde el punto de vista histórico, teológico y pastoral. Y haciendo esto, vuelve a plantear en un momento oportuno creo yo un debate que, a pesar de las apariencias, no ha cesado nunca realmente, ni siquiera después del Concilio.
"El liturgista de Innsbruck Josef Andreas Jungmann, que fue uno de los arquitectos de la Constitución sobre la Sagrada Liturgia del Vaticano II, se opuso firmemente desde el principio al polémico tópico según el cual el sacerdote, hasta ahora, había celebrado "dando la espalda al pueblo" . Jungmann subrayaba, en cambio, que no se trataba de dar la espalda al pueblo, sino de asumir la misma orientación que el pueblo. La liturgia de la Palabra tiene carácter de proclamación y de diálogo: es dirigir la palabra y responder, y, por consiguiente, quien proclama se dirige a quien escucha y viceversa, la relación es recíproca. La oración eucarística, en cambio, es la oración en la que el sacerdote hace de guía, pero está orientado, con el pueblo y como el pueblo, hacia el Señor. Por esto, según Jungmann, la misma dirección del sacerdote y del pueblo pertenece a la esencia de la acción litúrgica. Más tarde Louis Bouyer otro de los principales liturgistas del Concilio y Klaus Gamber, cada uno a su manera, retomaron la cuestión. Pese a su gran autoridad, tuvieron desde el principio algunos problemas para hacerse oír, pues era muy fuerte la tendencia a poner en evidencia el elemento comunitario de la celebración litúrgica y a considerar por eso que el sacerdote y el pueblo debían estar frente a frente para dirigirse recíprocamente el uno al otro.
"Es una aclaración importante porque evidencia el carácter relativo de las formas simbólicas exteriores, contraponiéndose de este modo a los fanatismos que por desgracia en los últimos cuarenta años han sido frecuentes en el debate en torno a la liturgia. Pero al mismo tiempo ilumina también la dirección última de la acción litúrgica, que no se expresa nunca completamente en las formas exteriores y que es la misma para el sacerdote y para el pueblo (hacia el Señor: hacia el Padre por Cristo en el Espíritu Santo). La respuesta de la Congregación, pues, debería crear un clima más tranquilo para el debate; un clima en el que pueda buscarse la manera mejor para la actuación práctica del misterio de la salvación, sin condenas recíprocas, escuchando con atención a los demás, pero sobre todo escuchando las indicaciones últimas de la misma liturgia. Tachar apresuradamente ciertas posturas como "preconciliares" ,"reaccionarias" , "conservadoras" , o "progresistas" o "ajenas a la fe", no debería admitirse en la confrontación, que debería dejar espacio a un nuevo y sincero compromiso común de cumplir la voluntad de Cristo del mejor modo posible.
"Sólo recientemente el clima se ha vuelto más tranquilo y así, quienes plantean cuestiones como las de Jungmann, Bouyer y Gamber ya no son sospechosos de sentimientos "anticonciliares" . Los progresos de la investigación histórica han dado más objetividad al debate, y los fieles intuyen cada vez más lo discutible de una solución en la que a duras penas se advierte la apertura de la liturgia hacia lo que le espera y hacia lo que la transciende. En esta situación, el libro de Uwe Michael Lang, tan agradablemente objetivo y nada polémico, puede ser una ayuda preciosa. Sin la pretensión de presentar nuevos descubrimientos, ofrece los resultados de las investigaciones de los últimos decenios con gran esmero, dando la información necesaria para poder llegar a un juicio objetivo. Es digno de mérito el hecho de que se evidencia al respecto no sólo la aportación, poco conocida en Alemania, de la Iglesia de Inglaterra, sino también el relativo debate, interno al Movimiento de Oxford en el siglo XIX, en cuyo contexto maduró la conversión de John Henry Newman. Sobre esta base se desarrollan luego las respuestas teológicas.
"Espero que este libro de un joven estudioso pueda ser una ayuda en el esfuerzo necesario para cada generación de comprender correctamente y de celebrar dignamente la liturgia. Le deseo que encuentre muchos lectores atentos” (3).
– El 18 de noviembre de 1992 en el prefacio del libro "Vueltos al Señor", edición en lengua francesa, del liturgista alemán Monseñor Klaus Gamber, sobre la orientación del sacerdote y los fieles, el Cardenal Ratzinger escribe:
“La orientación de la oración, común a sacerdotes y fieles, cuya forma simbólica era generalmente en dirección al este, es decir al sol que se eleva, era concebida como una mirada hacia el Señor, hacia el verdadero sol. Hay en la liturgia una anticipación de s